Reformas más significativas

A continuación se van a describir las reformas que más han afectado tanto estética, como estructuralmente al edificio del Mercado Municipal de Laredo a lo largo de su historia.

Emilio de la Torriente

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En el año 1914 el arquitecto Don Emilio de la Torriente realizó la primera reforma de este edificio tras su construcción.

La reforma consistió en el derribo de la marquesina que rodea al cuerpo central del mercado, haciendo un cuerpo adosado en el cual se instalarían puertas con ingreso en el interior del mercado.

Con la construcción de dicho adosado, se destruye casi por completo la ligereza del proyecto de Eladio Laredo. Además cabe destacar la pérdida del colorido original del edificio. En definitiva el adosado no concuerda en absoluto ni en forma, ni en color con el conjunto, se trata de un basto añadido.

Además esta reforma reduce considerablemente el tamaño de los ventanales que se encuentran en la zona baja del edificio, quitando en gran medida luz en el interior de cuerpo central.

Jose María Otamendi
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Dicha reforma se llevará a cabo entre 1986 y 1988, debido a las pésimas condiciones en las que se encontraba el edificio. Este tenía tanto problemas estéticos como estructurales. Estos problemas se encontraban en la cubierta, los muros, la cimentación y las decoraciones.

En este caso podemos hablar de una rehabilitación sincrónica, ya que vuelve a los origenes, a la esencia del edificio original.

Actualidad
Podemos ver imágenes del estado actual del edificio y de detalle de sus cerámica en el siguiente enlace:
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AHML. Expediente (1914). Proyecto de obras de reforma para el mercado de la Villa de Laredo. Arquitecto: Don Emilio de la Torriente

AHML. Expediente (1986-1988). Proyecto restauración y rehabilitación del mercado de Laredo (Cantabria)

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Construcción

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El edificio del Mercado de Abastos Municipal de Laredo fue construido entre 1900 y 1903 conforme al proyecto realizado por el arquitecto cántabro Eladio Laredo, quién realizó también las funciones del director de las obras. Planteó un mercado de sillería y ladrillo de un marcado estilo historicista.

Se construyó en los terrenos del ensanche ganado al mar, en la conocida calle del Paseo, hoy en día denominada calle Menéndez Pelayo, cercana a la zona de carga y descarga de los barcos pesqueros y de los almacenes.

Cabe destacar que existía un proyecto de Joaquín de Rucoba anterior al de Eladio Laredo fechado en 1897. Los primeros planos de Rucoba dibujan una tipología desarrollada en Europa a partir de la Revolución industrial, y más concretamente en España a partir de la década de los sesenta, los pabellones metálicos. Dicho proyecto fue aprobado por la Corporación Municipal, por lo que la obra de cimentación y fábrica salió a subasta pública en el Boletín Oficial de la Provincia en agosto de 1898, anunciándose más tarde en los Ayuntamientos de Santander y Bilbao la subasta para contratar la parte metálica.

El presupuesto fijado en 39.936 pesetas la contrata y 43.793 el general. Desde el primer momento surgen problemas presupuestarios con la contrata debido a la reciente subida de los precios del hierro fundido. Finalmente debido a los numerosos problemas Rucoba abandona el proyecto.

Y es entonces cuando Laredo que ya se encargaba de la realización del Matadero Municipal, asume también la realización del mercado. Así en octubre de 1899 firma el importe de las obras de cimentación que ascenderán a 10.800 pesetas, casi 3.000 pesetas más que en el presupuesto de 1898.

Es importante mencionar que la cimentación ya casi estaba finalizada cuando Laredo asume la dirección del proyecto, lo que condicionará la planta del nuevo mercado. La planta será entonces rectangular de 22 por 16 metros y dos porches de acceso cubierto que agrandaban su superficie útil mediante una marquesina perimetral.

La obra, que duró de 1900 a 1903, se concebirá de manera muy diferente a  como habían sido las tipologías de mercado desde la segunda mitad del siglo XIX: en palabras de Isabel Ordieres

 “estructuras metálicas que generaban un esquema de “caja de vidrio”, con una concepción funcional y espacial radicalmente nuevas, posibilitadas por los nuevos materiales industriales.”

Laredo, sin embargo imagina algo totalmente opuesto. La imagen exterior presenta una serie de referencias cultas a estilos históricos. Este arquitecto da la espalda a la tradicional transparencia de estos edificios y procede macizando las fachadas, incorporando en ellas diversos recursos ornamentales. Los vanos, ya sean diáfanos o decorados con cerámicas, aparecen enmarcados con pilastras y arcos de ladrillo cara vista con imposta de sillería. Los testeros consisten en un muro escalonado que oculta el perfil de la cubierta a dos aguas, que origina en los arcos un juego de vacíos y llenos de cerámica que siguen la inclinación del tejado. En las fachadas laterales aparecen vanos de tipo serliano que realzan los accesos. La crestería de hormigón que corona el edificio y la cerámica esmaltada de los ventanales y albanegas de los porches constituyen los elementos ornamentales más sobresalientes. Las cerámicas son obra de Daniel de Zuloaga.

El interior se resuelve mediante pilastras de sillería en las que se apoyan, sobre ménsula de piedra, las cuatro cerchas metálicas que van soportando el entramado de madera de la cubierta. Estas cerchas, únicas estructuras metálicas importantes, están compuestas de dos pares formados por vigas de celosías roblonadas con un tirante y tres pendolones. La iluminación proviene de un gran hueco elíptico situado debajo de los dos pórticos laterales, de las dos series de ventanales con los que Laredo rasgó la fachada.

Dicho edificio fue incluido en el Inventario General del Patrimonio Cultural de Cantabria el 26 Octubre 2000

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http://www.cajacantabria.com/portal/paginas/entidad/LaRevista1/aplicacion/revistas/132%2011.pdf

Ordieres, Isabel. Eladio Laredo. El historicismo nacionalista en la arquitectura. Ed. Ayuntamiento de Castro Urdiales. Derivados del fluor, S.A. Castro Urdiales. 1983

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